Llego al colegio
de mi hija;
de mi hija;
hace un frío
de mil demonios;
tengo las manos
dentro de los bolsillos
y el abrigo
abotonado hasta el cuello.
Un tío
hace mucho frío hoy
me dice,
me dan ganas de preguntarle
si es gilipollas,
ya sé que hace mucho frío hoy
¿Es qué no me ve tiritar al lado suyo?
El tipo
me mira
con una sonrisa estúpida
en los labios,
es un pobre desgraciado
que quiere un poco
de conversación,
yo
no;
sí,
le contesto
mientras me pongo
los auriculares,
suena
un tema de AC/DC;
el tío
me sigue mirando,
yo clavo la mirada
en la puerta del colegio;
el tipo
sigue allí plantado
unos dos o tres segundos más
antes de alejarse
en busca
de otra víctima,
lo siento
por esa persona;
otro día más
que me salvo de tener que mantener
una conversación tediosa,
pero cada vez
resulta
más
complicado
librarse
de ello;
no es fácil
salir ileso
cuando la vida
te lanza
cuesta abajo
dentro
de un tonel
lleno de clavos.